Vamos a dejar aparte la cuestión de las sorpresas. Y digo sorpresas porque es lo único que no te esperas. Todo el mundo conoce bien las historias de Disney, y las canciones desde la primera a la última palabra. Por eso, te pierdes si después del famosísimo "Hakuna Matata" no viene un "...vive y deja vivir" o si en lugar de aparecer con la falda hawaiana, Timón saliera con... bueno, no estropearé la sorpresa.
¿Aparte de todo esto? Pues bien, lo mejor es la ambientación. Los personajes están controlados como si fueran marionetas, pero pronto olvidas (en el caso de los secundarios) a la persona que hay detrás, al tipo del bombín que tiene un Zazú en la mano.
Como se puede ver en la imagen, los leones protagonistas son los más visibles, ya que todos los actores trabajan la expresividad corporal.
La música, descoloca un poco por las letras, pero hay dos o tres nuevas canciones bastante originales. La mejor cantante es Rafiki, que además se lleva gran parte del peso cómico, sobre todo al salir más que Timón.
En resumen, vale más como espectáculo visual que como musical de por sí, u obra de teatro. Pero es una de esas cosas que hay que ver por lo menos una vez en la vida, mientras se pueda.


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