Ayer fue la última representación de Los Miserables en Madrid. Tras unas bien merecidas vacaciones, iniciarán una nueva temporada en Barcelona. Tuve la gran suerte de ir a esta última actuación gracias a mi padre, que es un gran fan de este musical.
Sólo hay una palabra para describirlo: IMPRESIONANTE. Esta vez actuaron los cantantes originales (la primera vez que lo vi fueron los cover de Marius, Javert, Eponine y Cossette de niña), conscientes de que era la última función. Se superaron a sí mismos, poniéndonos a menudo la carne de gallina por el poderío de sus voces.
El público aplaudía a rabiar al final de cada canción, pasando luego a aplaudir hasta cuando aparecían los héroes de la barricada muertos.
Y llegó el final, todos nos levantamos y aplaudimos con ganas, mientras ellos saludaban y subían a todo el equipo al escenario, desde los encargados variados que siempre se quedan atrás supervisando hasta los miembros de la orquesta. Luego bajó el telón, tras unos disparos de confeti y una algarabía imposible de aplacar. La gente comenzó a gritar para que salieran de nuevo y muchos se pusieron a cantar La canción del pueblo. Pero ya estaba todo hecho; ya habían cumplido su misión.
El próximo musical que se estrene en ese escenario será El Rey León. Pero se nos quedará grabado como el escenario de la Revolución, de Los Miserables. Ese musical que ha obtenido el merecido título de leyenda.

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